..Y ya transitando en ese rumbo y camino seguros, acerquémonos,
mano tendida y sonrisa franca, a Alberto Escobar, el amigo permanente,
el artista polifacético: el pintor, el compositor, el cantor,
el escritor... el poeta.
Estaremos así, en resonancia, que no es sino coincidir en un mismo
diapasón.
Coincidiendo, entonces, no por azar ni circunstancia fortuita
o accidente, sino por equiparamiento de afanes y percepciones, de tesitura
y de vibración unísona...
...entremos de lleno en lo que yo llamo apoderamiento de la obra
ajena, que no es hurto ni saqueo hoy tan de moda, sino aprehensión
estética, acción y tarea de índole intelectual, percepción de contenido
expresivo de esa obra.
Y vamos a sentir el aire fresco que a través de las frondas nos llega al rostro
y nos vivifica, en violento contraste con las miasmas del entorno usual...
sentiremos también el hálito energizante de la capacidad creadora del artista,
de su visión del mundo... recuperaremos, en nuestra propia existencia, la savia
de los valores permanentes que aunque minimizados por la sociedad mercantilista
y empresarial, ¡voto a tal! ... no han desaparecido; allí están, en la obra
poética de nuestro amigo.
Adentrandonos, tendremos a nuestra disposición las vivencias que nos conciernen a todos,
en las que todos coincidimos.
Recorriendo línea a líea descubriremos, hablando de paz, que el mundo hoy hostil lleva
en sus entrañas el ingrediente del cambio... que si se puede cambiar y nosotros con el.
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Recuerdo un día en que conversando con
Luis Jorge (Figueroa) acerca de Alberto Escobar, la mejor definición
que pudimos encontrar para describir el oficio de Alberto fué el
de INVENTOR, y lo concebimos como un inventor de sueños, inventor
de ilusiones, de sentimientos, de imágenes. De imágenes cantadas,
pintadas y escritas.
Y como todos los buenos inventos que recuerdo, la penicilina, la
imprenta, que segun decía una de mis tías fueron descubiertas primero
en China. Bueno ya saben que los chinos se han adueñado de muchos
inventos, estoy seguro que si Gutenberg estuviera en esta sala,
me estaría limpiando los tomatazos. Decía pues... como todos los
buenos inventos que han nacido por casualidad, por coincidencia,
de esa misma manera nos conocimos Alberto y yo.
El pintor, el poeta, el canta autor (como también se les llama hoy
en día), ha tenido la gracia de inventar trazos enormes de sensibilidad
al estilo brocha gorda, que arrastra entre sus cuerdas a otros bohemios
desvalagados como yo. Amarrando la brocha con lazos de amistad muy
fuertes.
A pesar de la desgarbada introducción. Debo decir mi querido Alberto
que esta primera incursión que hiciste, al escribir este nuestro
libro, como atinadamente lo describe German Dehesa. Ha provocado
sentimientos muy encontrados de los que ya he sido testigo. Sentimientos
de coraje, tristeza y admiración.
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